Y es que parece que no hay tema con el que el cómico José Mota no triunfe. El año 2014, TVE lo cerraba con un especial en que el antiguo miembro de Cruz y Raya se volcaba en la Infanta Leonor y su abuelo, el Rey emérito Don Juan Carlos I, le narraba, a modo de cuentos previos al sueño, la situación de la España en que la niña vivía. Un país de cuento fue aplaudido y posteriormente situado en el lugar de prestigio que tanto tiempo llevaban sin ocupar los especiales de fin año.

Con semejante reconocimiento, Mota no podía sino volver a intentar superarse, algo que para él no es complicado porque en contra de lo que tal vez muchos piensen, su imaginación no deja de crear personajes y situaciones que le otorguen aires nuevos a un género tan propenso a repetirse. Eso sí, sin abandonar la parodia, base del resto de ingredientes, que, como todo, tiene que prepararse correctamente si no se quiere entrar en el manido terreno de la obviedad.

Si el año pasado todo partía de Maléfica, El resplandor, la mítica película de Stanley Kubrick, es la que le sirve de esqueleto en el presente para armar, en torno a su argumento, los sketches que componen el total de su nuevo conjunto. Y en un 2015 tan electoral como el que hemos vivido, era razonable que la política se convirtiera en el objeto señalado.

José Mota emula a un Jack Nicholson que en 2027 es elegido nuevo presidente y al llegar a La Moncloa es prevenido, como le ocurre al personaje en la película, de que ha entrado en un lugar que afecta a sus inquilinos. Pero en este caso el cambio consiste en que el edificio no les permite mantener lo prometido en la campaña. Lo crea o no, irá comprobando, en los pasillos, habitaciones e incluso en el bar, que su fortaleza mental se va poco a poco debilitando.

Los fantasmas de los antiguos habitantes, Mariano Rajoy y Felipe González transformados en las terroríficas gemelas, Esperanza Aguirre bailando un chotis antes de verse libre de la bañera en la que aguarda a Mota, o un José Luis Rodríguez Zapatero convertido en el también mítico camarero imaginario, son quienes dan paso a un sketch tras otro, en los que vemos desde un diputado pegado a su escaño que ha de ir al taller para que separen el sillón de su cuerpo, hasta el consenso al que han llegado los integrantes del debate a cuatro, una amalgama de propuestas para contentar a todos, incluyendo una bajada del IVA cultural a una hora en la que los cines no tienen proyecciones.

Mucho humor y de enorme calidad. Es la marca habitual de José Mota y con ella sigue, sin que ningún mecánico en taller alguno pueda hacer nada para quitársela. El creador del Fumi de Morata o de La vieja´l visillo continúa superándose, y recibiendo, por ello, merecidas alabanzas.